sábado, 26 de octubre de 2013

Azul...

Para Manuel, Carlos, Gil, Rolando Y jhon.

Una copa de vino, una lagrima rota que rueda al final, azul, una música lenta y azul, recargada en la tibia quimera, despidiendo un anhelo que va en autobús, un rasguño en la media, navegando en la espera, la viuda del blues…

El plan ya lo habíamos hecho desde hace una semana, se acercaban las vacaciones decembrinas y junto al tedio de las posadas  el ponche caliente y los tamales “flacos” no nos animaba a mas, un telefoneo rápido y a partir de las ocho de la noche tuvimos un paquete de un buen número de pastillas  y LSD de buena calidad, era un completo agasajo, sin embargo aún era jueves y la mayoría de nosotros  teníamos que asistir al colegio al siguiente día, entonces después de una breve charla cada quien se fue a dormir. Al siguiente día  todo era fluido, el colegio era tranquilo, las bellas estudiantes se contoneaban contentas envueltas en gruesas chamarras y bufandas coloridas, el aire frio despeinaba sus cabellos, los labios rojos a causa del labial, los ojos pintados y vivos, las caras sonrientes y las mejillas sonrojadas  me animaban de a poco a continuar con un buen viernes de diciembre, cuando se terminaron las clases del colegio recibí el mensaje de Rodrigo, en un lapso de veinte minutos nos encontrábamos afuera de una bar medianamente concurrido por personas de nuestra edad, al cual por frecuente visita nos dejaron entrar sin ningún problema, como Ro siempre a odiado la cerveza pedimos un par de tom Collins, en ellos dejamos diluir algo de lo adquirido la noche anterior, escuchando música de fondo de un viejo artista apenas conocido por nosotros dejamos que el tiempo pasara, observamos con tranquilidad como todo el mundo dentro hacia lo que le placía, en la mesa que estaba frente a nosotros se encontraban una chica y un chico, ambos se miraban fijamente mientras cruzaban palabras, después chocaban los vasos y se daban un abrazo largo, de esos que se dan a quien tiene mucho que no ves o a quien verdaderamente quieres mucho, lo raro de estos es que era una situación que se mantenía estática, las miradas ,las palabras, el largo abrazo… al lado de ellos estaba una mesa enorme, la cual estaba completamente llena de chicas, todas de fisonomías un tanto diferentes pero con aquel halo de inocencia  y gracia que hasta el momento mi día no acababa de percibir, resaltaban de aquellas chicas una de cabello rizado de tono rojizo y una rubia de cara delgada, esta última sostenía un látigo en la mano derecha que utilizaba con  frecuencia cuando las chicas reían con gran estruendo, ese hecho me dejaba desconcertado,  eran escenas dignas de la mezcla que mi cuerpo percibía, por otra parte en las otras mesas gente con mochilas despilfarrando dinero, atascando el retrete con papel, llenando el pequeño espacio de un humo denso, impregnando la ropa que cada vez más se quedaba en las sillas a causa del calor que se hacía parte del lugar, cada vez que se escuchaba mucho ruido en el lugar (más de lo habitual), la chica de cabello color claro daba con sus manos delicada un azote al látigo y sus amigas igualmente reían sin parar, en una especie de reacción ella volteo y me sonrió, nos miramos y siguió con lo del látigo, en el momento en que volvió la mirada no pude evitar recordar a Sara, hacía exactamente una semana que ella se había ido, las constantes peleas, su manera muy extraña de lidiar con ciertas situaciones, sus ojos llorosos, su manera de abrazarme y suplicarme y después irse sin culpa, la extraña manera que tenia de quererme, la nostalgia que en ese momento sentía la podía comparar con una braza que quema el hueco del estómago que antecede al vómito, entonces decidí salir un tanto desorientado, mis amigos lo notaron, pagaron la cuenta y salieron tras de mí, caminamos en busca de algo  diferente y llegamos a ese lugar; “el tercer sitio”, en la entrada estaba un tipo de unos dos metros que nos dejó pasar sin ningún problema, ya en el lugar un mesero nos asignó una mesa y paso a su vez una carta con las bebidas que el lugar ofrecía, la oscuridad y las luces nos hacían de a poco camuflarnos de buena manera con el sitio, enseguida llegaron un par de chicas de compañía, no quise topar conversación con ninguna de ellas, después llegaron otras dos y la mesa se llenó, estábamos en la mesa que da frente a un enorme tubo colocado justo en medio de una mini pista de baile, de pronto sentía mareos inesperados, las luces me hacían sentir muy cómodo, pero el olor a perfume barato de las chicas me desconcertaba, en la pista una señora bastante entrada en carnes y años se contoneaba mientras pedía la bulla de los pocos asistentes de aquella noche, me empecé a sentir incomodo, la paranoia empezó a aparecer en mí, mi garganta soportaba un extraño cosquilleo, suspiraba como para aguantar y de pronto el blues de una guitarra desvió mi mirada hacia la pista de baile, ahí apareció una mujer de unos muslos hermosos (que no gigantes), su cabello era de color Castaño, se movía con calma, se despojaba de cada una de sus prendas mientras con los ojos cerrados tomaba del brazo derecho al tubo del cual se sostenía, parecía de unos 22 o 23 años, sus pechos eran pequeños pero lindos, justos para un cuerpo como el suyo, me tenía pasmado, volteo y pude ver una cara angelical, de tez clara y labios rojos, de sonrisa con un diente encimado que incluso en ella la hacía ver más linda, y sus ojos, de color azul, el mismo de su nombre artístico, azul se repetía en una música lenta y azul, de repente todo se fue al carajo, el viernes fluido, las hermosas figuras de las chicas inocentes, la pareja de los abrazos largos, la chica rubia del látigo, mis amigos hablaban y se miraban, había y era una noche estupenda, dispuesto de mandar al carajo la nostalgia de Sara y darle la bienvenida a las cosas que se nos suscitaban, me hice participe con la mirada de mis amigos, lo único que importaba era la camaradería y la silueta de Azul, lo demás eran nimiedades…


Azul, azul, y una voz que entristece al cantar, reteniendo en su lecho las sombras, esas sombras que besan y luego se van, una fotografía, una línea en la mano… cuando tú te hayas ido, me envolverán tus piernas…

sábado, 5 de octubre de 2013

INDICACIONES

Cansado y sin algún milagro en meses me siento a escuchar el sonido que emana de las bocinas que están frente a mí, el olor  del cigarro que apague me deja en los dedos fríos algún síntoma  de cosquilleo en el estómago que antecede al  recuerdo  que  mi memoria inevitablemente llama: ese donde estaba como hoy sentado escuchando no solo el sonido de las bocinas, sino también el de la lluvia, mirando como obsesionado al cielo y escribiéndote (como hoy) escribiéndote a ti. Tengo que admitir que estaba algo inseguro, pero  esto que escribo si te llegara, contando esta (especie de carta) es la número ciento setenta y cinco. He pretendido ser conciso en esta y ponerme a reflexionar acerca de lo que verdaderamente quiero decir, ya sabes que me sucede mucho eso de enumerar las cosas  que tengo que mencionar (especialmente a ti) para que inevitablemente se me borren al momento de decirlas, que no te sorprenda que esta carta se ha insensatamente extensa,  que por tedio o peor aún el poco aguante de nostalgia de tu parte te haga quitarla de tu vista y termines dejándola en tu cajón donde entre otras cosas debes aun conservar mi foto de niño raro en aquella fiesta de disfraces de mi primo Carlos. Por favor como te lo he dicho tolérala, en esta te mando las siento setenta y cinco que no te mande antes, no creas que lo hago por una especie de autoflagelación o porque el terreno de la falta de cordura y creciente soledad me hayan invadido, sucede que  pareciera que es algo que necesariamente tengo que hacer, si, ya sé que no es para nada contundente mi  razón, pero solo puedo decir eso. A más de tres años de no verte ni saber de ti fue un gusto encontrarte en la tienda de música donde casi siempre me acompañaste a probar instrumentos, me dio tanto gusto verte y que por primera vez dijeras que me veía más flaco, desde entonces una especie de paranoia me ha seguido, no que antes no lo hiciera, solo que esta vez me ha pasado más fuerte. ¿Ves?  Siempre de alguna manera no te pude ocultar algunos motivos, supongo que este es un poquitito más coherente y te dará más satisfacción  que el otro ¿no?

En fin, toma cuando estés leyendo esto alguna botella de whisky o tequila, compra las crepas del sabor que más te gustan, algunos cigarrillos y si aún tienes la costumbre de dejar las pastas y el hash en tu buro de la derecha toma un poco, esto  ayudará a relajarte  y te ayudara más a no notar mi precaria forma de escribir, junto con algunos anacronismos que puedan aparecer, ponte cómoda, cierra la puerta de donde estés y si puedes consigue las canciones que  segura te recuerden a mí,  supongo que has notado que quiero monopolizar tu tiempo, querida te prometo que esta será la última vez, no más…