Agitado, el corazón con sus palpitaciones rápidas,
aceleradas. El cuarto solo, el contiguo puede escuchar el heart beat desesperado, dos
fotos que forman parte de la monotonía que aun logra enumerar las sonrisas de un
domingo cansado, insípido. Las manos temblorosas, los ojos que se carcomen de
un miedo agrio y desconocido; por consecuente incoherente, falto de identidad. Ahí,
se alza la voz a un vació tremendamente oscuro – ¿estás ahí?- con voz ronca,
con propiedad casi autoritaria -¿he?- Un suspiro deja escapar las posibilidades
de camas amplias, reconfortantes y compartidas, de sonrisas matinales y besos de
despedida, de aquella que verdaderamente saca carcajadas de exilio, risas
cortas, entes frente a la eternidad de un futuro armónico, descendencia que se
lava los dientes en un lavabo lleno de loseta nueva, brillante y nueva,
promesas, expectativas.
Después un cuerpo que se lava solo en la regadera con agua
tibia, esperando el suspiro que aún falta, imaginando como si fuera un trabajo
remunerable…
Volteo a mirar la hora en mi celular y apenas son las diez con cuarenta, decido ir a sentarme en alguna banca que este desocupada, mejor aún, completamente sola, me siento y frente a mi veo a una señora de unos cuarenta años con la vista muy cansada, el sonido de los villancicos navideños se deja escuchar en las bocinas de toda la sala de espera de la central de autobuses, ese sonido siempre me ha puesto de un humor bastante extraño, como si la melodía me llenara de una nostalgia irreparable, en realidad no se por que pero así me sucede, la resaca se deja sentir en mi cuerpo; cansancio, dolor de cabeza, sed, ideas generalizadas. Recargo mi cabeza sobre el asiento frió y mis ojos me revelan un cansancio sordo, seco.
-hoy he dejado de cumplir muchas responsabilidades-pienso- Vuelvo a revisar la hora, ese "no poder estar" parece haber aparecido de nueva cuenta en mi, sudor que emana de cada uno de los poros de mi piel.
-Que de repente hoy soñó conmigo-empiezo en mis adentros- no, no solo hoy, toda la semana aparecí en sus sueños, he sido el tipo que la hizo suspirar mientras la besaba despacio en el cuello, me escribió poemas que en definitiva nunca siquiera pensé desechar, de seguro cuando despertó pensó en llamarme, pero se dio cuenta que su saldo ya no lo permitía y antes de hacer una llamada cara de teléfono de casa pensó que seria mejor verme, si, mirarme a los ojos, explicarme todo, sus sueños con cada uno de los detalles que aún podía recordar, y después sin decir nada, besarme, no, mejor aún, que yo tuviera la iniciativa y hacerlo. Se baña y siente en su piel el agua tibia, piensa otra ves en mi y pone a todo volumen "first day of my life" de los bright eyes, se viste con rapidez y toma un taxi a la universidad. -¡chin! ya no lo encontré, entonces ve a un conocido mutuo y le pregunta sobre mi paradero -en la central- Toma otro taxi para la central y llega, en una escena de Holliwood me mira sentado frente a una señora de unos cuarenta años con la vista muy cansada -¡José Luis! me grita cuando camino hacia el anden, antes de entregar mi boleto me alcanza, no me da explicaciones, no me promete nada, solo me dice que también le pasa lo mismo y sin mas me besa.-te quiero Karla, te quiero.
El sonido de las bocinas me despierta: -pasajeros con boleto de once cinco, favor de abordar sus autobuses.