jueves, 27 de noviembre de 2014

¡no es por el frío chinga!

No es por el frío de esta noche serena,
no es por él, que se duermen mis pies y manos.
Entonces, antes de que se duerman mis neuronas empiezo…
Es más fácil hablar de dos, mirarse mutuamente, decir,
es más fácil porque si implica distancia te acercan las palabras,
porque si implica terror, lo arregla un abrazo,
porque si implica tristeza, existen los besos y las caricias.
Pero es difícil hablar de más, no sé si veinte o cuarenta y tres o mil cien.
Porque aquí nos agarran (ya no a dos) desprevenidos, con sorpresa.
Y nos agarró fuerte la desesperación, la amargura, la impotencia,
después llego la ignorancia y confusión con una antena de bandera,
y todo el mundo corrió a todos lados, a tratar de guarecerse,
las balas de verborrea, la demagogia empleando sus trajes y corbatas,
pero también la indiferencia, y esta desorganiza, desordena.
Leamos, seamos conscientes, apaguemos el aparato, demos más abrazos,
movamos las manos, amemos nuestro trabajo, nuestra cultura.
¿Desvarió? Probablemente si…
No es por el frío de esta noche serena,
no es por él, que se duermen mis pies y manos.
En definitiva es mejor perder las neuronas por el frió que por el tedio, que por el miedo...

jueves, 23 de octubre de 2014

DISTANCIA (PARA USTED)

¿Quién soy yo para hablar de distancia?
¿Quién soy cuando el papel que tengo frente a mí me es ajeno?
no estoy aquí, 
probablemente afuera, donde el frio cala hasta los huesos,
donde la oscuridad me hace caminar más despacio,
o más allá, resolviendo mi resuello entre la gente,
mezclando whisky y agua quina, 
el viento llamándome por tu nombre.
Tomando el automóvil por la autopista,
cerrando de nuevo la puerta,
rechazando una vez más a la cordura,
¡hacia la izquierda, hacia la izquierda!
Sobre el asfalto la Luna de Octubre me sonríe de nuevo,
las luces que avisan que estoy por llegar me dan la bienvenida,
sonrío con el corazón a 120, el automóvil más despacio,
confió en no perder el sentido y que el camino me haga dudar,
otra esquina y a la derecha, motores “out”
adentro el calor, de pronto una puerta, un ángel durmiendo;
estoy aquí hablándome de distancia,
estoy aquí esta noche robándote un beso… durmiendo a tu lado.

jueves, 11 de septiembre de 2014

El camión de las 12

Con desencia oportuna a veces suelo esperar el camión de las doce, me siento en el sillón que esta perdiendo la comodidad a causa de su excesivo uso, trato de desenredar los cables completamente amarrados de mi reproductor, mientras pienso: ¿será que nuestra generación esta condenada a la frivolidad y que por ello cada vez se hagan audifonos mas grandes como barrera de “no me interesa escuchar mas allá de mis audifonos”, o será que la música contemporánea cada vez es mejor? No lo se, en todo caso me pronuncio a favor del primer punto, probablemente sea un anacrónico en cuestión musical, pero sinceramente es un echo que me tiene muy sin cuidado, acepto que a veces me es difícil encontrar alguna canción que pueda catalogar como buena, pero de eso sinceramente no quiero hablar. Sucede que en una de mis esperas desenrrollando el problemático cable blanco mientras pensaba en la frivolidad, sentí alguna mirada inoportuna de ocación, levante la vista y mire un enorme trasero usando unos jeans azules, el torso desnudo abrazado a  un tipo sin camisa que usaba el mismo color de jeans, ambos atleticos, vigorosos , ella con unos delirantes ojos  cafe claro como uno se imagina que debe ser el fondo vidrioso de una buena cerveza, el cabello casi le llegaba a la cintura desnuda, los labios pintados, la rebeldia en su rostro, a el no le tome importancia, en conjunto eran un par de leones encerrados en un espectacular el cual había cumplido con su misión mercadológica: llamar mi atención, gire la cabeza para intentar mirar el camión que se acercaba, era el mio, deje al par de fieros en su lugar y me marche a casa....

Nunca me ha gustado el sonido de la maquina en el trabajo, es envolvente, se de buena fuente que somos varios los contaminados por el ruido, a Esteban Ruíz, el hijo de doña Mary, mi vecina, tuvieron que ponerle uno de esos aparatos que volteas a ver aunque no quieras, no pudo volver al trabajo por el daño, la empresa como siempre no lo apoyo, supe también que ahora se dedica a organizar mitotes para con la empresa, hay algunos abogados carroñeros y compañeros corridos que estan en su causa, no me ha dado mucho para pensar, tengo un trabajo de 11 a 11 y el cansancio no es buen acompañante de  las neuronas, sobre todo en temas relacionados con el trabajo,  ayer por la tarde volví a mirar el espectacular con su pequeño mundo silvestre representado por dos individuos “la belleza occidental”, la rebeldía, sus ojos...sus ojos.
Los días soleados son terriblemente pésimos, agoviadores, el olor a comida podrida abarrota el lugar de trabajo, es un buen llamado a las ratas que pululán sin miedo y se regocijan en el producto que hacemos, me pregunto que clase de persona comprara esta porquería para consumirla, ayer se corrieron las voces de recorte de personal, todo ocacionado por el famosos Esteban, y es que eran ya muchos lo que empataban con sus ideas, desde aquí imagino que deben ser tipos con mediana solvencia económica o con muchos pantalones, mira que querer quedarse sin trabajo de un momento a otro, en fin, supongo que no me va a llegar a mi, tengo la renta en puerta, compré hace poco una pantalla y siento que me quedo sin ropa, lo bueno es que aun estoy soltero, como quiera podría salirme y buscar un lugar mas barato, dejar de pagar mi plan del celular y sobre todo mirar menos televisión, pero trabajo para pagar mi comodidad, ¿no?...


Llevo ya dos días sin trabajar, estalló la huelga, espero que algun bando me hable, estoy interesado seriamente en platicar con el que creo sera el ganador (el de Esteban no por supuesto), asi que me permití dejarle mi número a Lucila, la recepsionista del licenciado Virlo, esta mañana me he puesto a pensar en mi pasado, cuando era un joven “clase-mediero” enojado con medio mundo, con la burguesía, con los monopolios, con la iglesia, los partidos políticos, mis padres y sus dobles moralidades, con la endeble escuela, con todo lo que me pareciera “figura de autoridad”, con el capitalismo, sobre todo lo ultimo, era un idiota verdaderamente, nisiquiera sabia a que se referia, no sabia de eso ni “J”, ¡pero como pasa el tiempo!, ahora como dicen: “he sentado cabeza”, espero que el problema acabe pronto, hay cosas que tengo que pagar, no quiero ser un sangano deletreando huelgas, soy un obrero comprometido y responsable, no un arguendero metiche.
Ayer me encontre a doña Mari, lleva ya dos meses sin encontrar a Esteban, regrese al trabajo, aun con desencia oportuna a veces suelo esperar el camión de las doce, me siento en el sillón que esta perdiendo la comodidad a causa de su excesivo uso, trato de desenredar los cables completamente amarrados de mi reproductor, compré un nuevo celular, la empresa marcha bien, los huelguistas estan de vuelta en el trabajo (los buenos responsables), los revoltosos quien sabe, la rebeldía sigue estando en un espectacular que anuncia un nuevo modelo de jeans, con Miranda Kerr creo...todo ha vuelto a la normalidad.

viernes, 6 de junio de 2014

Kerr (tomado de un diario futurista)

Trabajo de ocho horas. Un día nublado, el despertador de un reloj cuadrado Casio viejísimo me despierta a las cinco de la mañana, prendo la luz y me miro al espejo, busco algo para cubrirme del frío y espero a que el agua de la ducha este caliente, lo mismo para desayunar; huevos con jamón, sin jugo, la camisa azul y la corbata roja, los zapatos vivos después de cien lustradas de cera liquida barata y desgastadora, la barba mal crecida y cortada, el tráfico de las siete, camionetas con señoras que llevan hijos, trabajos, un miércoles por la mañana, sin sorpresas aun, no hay deudas hoy, no hay resaca, no tengo un halo de desesperanza, es solo otro día, un anuncio en el puente  antes de llegar al semáforo me encuentra con ella, una camisa roja a cuadros, pantalones ajustados de color azul, ahí la vi, ojos azules, labios rojos, cabello de  un color que no se especificar, ¿me miraba a mí? Si, ¿Cómo no hacerlo? Los hoyuelos de sus mejillas me sonríen, ¿esto es una broma?, el claxon comienza a sonar, algunas palabras fuertes del conductor de atrás, debo moverme.
Pasa el día, en el cubículo nada nuevo, no hay patentes, solo exámenes a calificar, saludo a Silvia, la asistente de área:
-¿chocolate caliente?
-muchas gracias, buen día.
-A ti José Luis, llegará en dos semanas el reporte de avances por tus alumnos, ¿Cómo crees que te ira?

-No sé, espero que bien, no quiero preocuparme de eso ahora, no hoy. Sonrió, el frío me deja tranquilo, el chocolate me encanta, esa máquina es uno de los objetos que se me han hecho imprescindibles últimamente, el ordenador recibe mensajes, ensayos, productos ¿Qué? ¿Otra vez ella? En efecto, las reacciones se aglomeran, los estándares de belleza occidental me costaban, las piernas flacas, los muslos sencillos y los pechos pequeños nunca me gustaron, ¿pero qué es esto?, ¿me estoy haciendo viejo?,
Salgo corriendo, no me despido, enciendo mi auto y me quito la corbata, siento el sudor en mi piel, ¿Qué demonios es esto?, escenas de deja vu me persiguen, no hay sonidos fuera, escucho su voz, la verdadera, es linda, la veo recostada a mi lado ya no tiene esa camisa roja a cuadros, sus labios me llaman, me encuentro perdido entre sus ojos, su cabello huele a chicle de fresa, su piel es suave, estoy frente a ella, me he enamorado…


sábado, 10 de mayo de 2014

Haitian fight song

Cuando tenía nueve años jugaba en el patio de la casa, usaba unos tenis verdes y corría como loco tras de un balón blanco bastante desgastado, la puerta blanca que daba hacía la calle se abrió de pronto –el aire, pensé-, en efecto un remolino que se levantaba detrás de la barda de la casa amenazaba la paz que tenía en aquel momento, una cosa pequeña, nada de que espantarse, de repente se fue haciendo más y más grande, no tuve miedo de irme a un lugar tipo cuento de Disney ni mucho menos, en realidad lo único que temía en esa edad era quedarme sin mi preciado balón y los recurrentes sueños de extraviarme en un lugar desconocido sin familia ni amigos ni nada, corrí para agarrar mi balón y así evitar que el ahora tremendo remolino se lo llevara, de repente este seso, sin más. Sin embargo ese remolino dejo un olor extraño en la casa, abrí la puerta hacía la puerta y era como si el enorme remolino jamás hubiera tenido existencia, todo estaba en calma a excepción del olor que se hacía con más fuerza en el olfato de los vecinos (suponiendo yo) y claramente en el mío. Era un olor extraño, dulce pero empalagoso, vivo pero ensordecedor, duro, difícil de no notar, cerré la puerta y tire mi balón para patearlo de nuevo, en seguida la puerta se abrió y entro don Epigmenio Torres, traía el rostros desencajado, su bigote espeso y los ojos cristalizados, me vio y esbozo una sonrisa difícil, era extraño verlo irrumpir el patio de mi casa sin permiso, toco la puerta principal y abrió mi papá, don Epigmenio se quedó paralizado, yo detrás de él viendo todo, del cuarto al fondo a la izquierda salió mi mamá en tono de alerta, algo sin duda estaba pasando, con un grito ahogado, crispado, don Epigmenio dijo: -Compadre, se murió mi mamá-.

Es interesante como los recuerdos con el tiempo se hacen añicos, la selección de ellos hace perdurable las personas y situaciones, recuerdo aun a doña Ana Torres (madre soltera, con el apellido de hermana de su hijo) acostada, menuda, su piel arrugada, sus dientes chuecos de fuera, sus manos descansando en el pecho, el olor a estiércol de gato mezclado con el de antes por todo el cuarto, su rebozo gris aun cubriéndole parte del hombro, ahí, dormida, en silencio. El olor afuera era más fuerte, mi hermana por suerte lo reconocía,-son las flores- decía,  así me sentía más cuerdo, menos loco. Esa fue la primera vez que la conocí en persona, otra mujer a mi existencia plagada de ellas, otro ente femenino por lo menos, olorosa, profunda, sin remedio y pocas veces entendida, maldita, sublime, desgarradora, inocente, cochina, astuta, audaz, hermosa, elogiada, de la que nos burlamos en los días de Noviembre, la flaca… la irremediable muerte.  Crecer con ella me dejo un halo de inmisericorde sufrimiento: primero mi abuelo y mi tía, después Tomas, mi amigo de la secundaria, mis padres y la abuela Cristina, todos en tan poco tiempo en que yo crecí y me vi envuelto en amores y desamores, nada comparado con ella, el sujeto de la cantina de doña Ade que siempre pedía el jinete de José Alfredo Jiménez me entristecía, recuerdo que tenía uso 23 años cuando le ofrecí una cerveza y acepto, ahí lo vi de cerca, los ojos hinchados y el cuerpo abultado a causa del alcohol,-entiendo tu pena- dije. –No amigo, no entiendes nada- -¿Qué no entiendo?- pensé, vi en sus ojos una furia incontenible, sin embargo también entendí que no se podía dar el lujo de desairarme por el hecho de las cervezas venideras, charlamos un rato, ahí me entere que Claudia, su mujer, había fallecido de la nada, eran recién casados y según él era una vida perfecta, era extraña lo acepta pero la amaba de tal forma que ya no concebía la vida sin ella, ahí entendí la charla interminable de empatía con mi amigo Roberto, esta en esos casos (y en muchos claro está) no existe, es un concepto hueco, sin embargo hoy lo entiendo.


A María la conocí hace 14 años siete meses y doce días, cabello castaño claro con unas ondas que bajaban por su espalda, ojos alegres, vivos, usaba brackets  en una sonrisa amplia como las noches de primavera con el cielo abierto a estrellas lejanas y llenas de nostalgia. Recuerdo cuando le mande un mensaje tratando de parecer cotidiano, sencillo, y recibí una respuesta llena de indiferencia, trate de tomarlo con calma y jamás volví a responder, busque con mi amigo “el jinete” de la cantina refugio a ese desprecio que me había llenado de tristeza casi parecida a la del otro ente femenino ya tan citado, me las arreglaba para verla pasar con sus amigas, buscaba otras chicas para que pudiera olvidar a María, ella ni siquiera volteaba a mirarme, supongo que eso hacía quererla más, obsesionarme más. Cierto día del mes de Agosto quise ponerle freno y la encontré de frente, -¿te puedo robar un segundo?- pregunte decidido y firme. –solo si me dejas en paz después- contesto, no sabía a qué se refería, era cierto que la veía pasar diario pero a veces ocupaba mi atención en otra cosa para no hacerla sentir esencial y solo le había escrito una vez, platicamos en las bancas que están en frente de la presidencia municipal, trate de no ser soso y preguntarle sus estudios ni cosas cotidianas, quise ir directo al grano, me confesó que había soñado un par de veces conmigo, incluso que le agradaba mi manera sombría de ver la vida, pero no, jamás nada de eso pasaría. Me sentí decepcionado, desnudo, sonreí como pude y me fui caminando a casa. Supe que ella se casó dos años después, trate de no seguirla de cerca y seguí mi vida hasta ahora, a mis casi 40 años cuando la veo desde la ventana pasar cargada por seis hombre menudos y con las camisas húmedas por el sudor, atrás su pobre viudo con dos niños pequeños que lloran como perdidos, como yo en mis sueños. Recuerdo a mi madre diciéndome que parara de fumar a los 17, - deberías de ver a mi compadre Satur- empezaba, -fumo desde tu edad y ya está desahuciado-, con ello siempre me hacía pensar y apagar el cigarrillo, hoy lo entiendo todo, de alguna manera todos estamos desahuciados, de una causa conocida o desconocida, todos desahuciados como el amor pasajero. Por lo pronto pondré a Charles Mingus y esperare el tierno olor de ella, ese que hoy llego y que pretende no irse…

sábado, 8 de marzo de 2014

Time (que se pasa lento)



-Ya sabes lo que dicen, tenemos que encontrar un trabajo pronto.
-Nos estamos volviendo viejos amigo, un costal de vicios que envejece.
-No creo que sea lo peor, aún tenemos alguna especie de esperanza, ¿no es así?
-No, es muy poco probable, a casi nadie le interesa, he hablado con muchas personas de lo mismo durante mis casi veinticuatro años, he llegado a parecer un fanático del asunto, ¿y que he recibido?: nada, montones de palabras vacías, sin chiste, y ahora la pobreza ha tocado a la puerta y lo único que tengo es estas ganas de salir corriendo y gritar y beber y saber que no estoy enloqueciendo.
-Creo que si estas enloqueciendo. Marco se pone de pie y me mira, sus ojos vidriosos me miran con no mucha esperanza, se vuelve a sentar, se acomoda su gorra desgastada y hace una llamada, trato de no escucharlo pero es imposible, ha conseguido más de esa porquería por la que nos hemos vuelto locos.
-Aun tienes el oficio de escritor ¿no?
-No lo creo, apenas he publicado naderías, tipos sin futuro, situaciones que terminan mal, creo que no le interesa a nadie.
-Me caías mejor cuando estabas con Mayra, siempre sonreías y no hablabas de esa manera.
-Eso se acabó.
-Nunca pude entender porque ¿fue tu culpa?
-No lo sé, probablemente, estaba estúpidamente enamorado, ahora que me doy cuenta debí hacer muchas cosas  para no pensar, me volvía loco imaginarla en otros lado haciendo otras cosas, fui un imbécil con ella.
-Entonces si fue tu culpa.
-Eso creo, dame otra cerveza. Marco se para y va hacía el refrigerador, jamón echado a perder, huevos fríos, un six de cervezas, lechuga. Sus manos temblorosas alcanzan una modelo fría.
-Toma, de nada. (Suena el teléfono)
-Está bien, voy para afuera. Manuel se levanta, lo miro con mi cerveza en la mano, ha llegado todo: cigarros, material de la mejor calidad, convierto mi lata mientras siento el olor plastificado, lo miro, el hace lo suyo, gasta el dinero que sus papas depositaron para una colegiatura de una maestría que jamás terminará, se derrumba con el humo que sube a un foco que esta por fundirse, una noche desesperada, nada es mío, no el mundo ni la frivolidad de los que lo habitan, la muerte de mi abuelo que me dolió en el alma, mi madre que tiene meses que no la veo, Mayra que está feliz con su nuevo novio, mis letras que proponían libertad en un nuevo contexto, nada como dije, es mio.

El nuevo día me ve a la cara, ¿Qué es esto?,  nada fue mío y lo hice, Marco no existe, no hay gorras de ningún color, nadie fue por mi cerveza, la he tomado yo, ¿Quién hablo entonces? ¿Qué cosa es real? No, Marco no existe, probablemente yo tampoco…

jueves, 13 de febrero de 2014

Involutivo...

A veces (muchas de ellas) tengo que reconocer que no soy para nada presumible, incluso el hecho de hacer cosas que me gustan y que de buena manera se pudieran convertir en mis pasiones de esas que logran cosas buenas y hasta positivas en un ser humano, terminan siendo naderías pretenciosas, últimamente alguna discusión me ha puesto de un humor bastante extraño, el hecho es que no se ni como, ni cuando, pero me estoy volviendo idiota, así, sin más, un idiota entendido de pocas neuronas o poco uso de ellas, no he tomado en la frase anterior un expediente clínico, mucho menos he echado mano de medir mi coeficiente intelectual (que me llevaría a dos términos: 1.- sentirme pretencioso y dejar esa cosa como lo he hecho hasta ahora y 2.- confirmar que soy un idiota),
El caso es que últimamente me he abrumado demasiado con esa idea, incluso cuando escribo esto pasa por mi memoria  el pasaje del libro de Sábato titulado el túnel, ese que habla del ego y de su posición de mover al mundo, admito que he sido empático con esa idea, siempre he pensado en la frivolidad del ego y como dije incluso cuando escribo esto me siento  movido por el que me dice “anda escribe, no eres un idiota y lo refrendaras con ello”. Como dije; me abrumo, las conversaciones que en la preparatoria me parecían fundamentales para cualquier persona me van pareciendo cada vez más triviales, sobre todo cuando término admitiendo que todo mundo tiene la razón por la subjetividad del mundo en el que se vive y así terminar platicas infinitamente largas y hasta monótonas, pudiera parecer con esto que es más bien una clase de hastió la que se apodera de mí, pero a decir verdad es parte de mi evolución (o involución en este caso)  que me dice que sin duda alguna me convierto en idiota: me limito a esperar con ansia los fines de semana para embriagarme hasta el cansancio o hasta la perdida de motricidad, a veces ni siquiera aguanto la espera, no he conseguido un trabajo y tengo demasiado tiempo que ocupo en una de las cosas que mejor se hacer: dormir, ahí en los sueños es donde encuentro casi toda la creatividad que no encuentro cuando estoy despierto y a veces tengo que escribir lo que sueño porque si no, nada mas no me gira y me siento peor, lo que me preocupa también es que pueda llegar al punto de echarme todo el día en el sillón a ver  televisión, lo cual le sumaría a mi aumento consecutivo de peso,  por  otro lado la escuela me causa tedio; la competencia me causa más, en realidad parecería que no debiera ser así puesto que la profesión que ejerceré   exige todo lo contrario: ser un ejemplo para la sociedad, ser todo lo correcto posible, ante esto tengo que admitir que una de las cosas que más me repugna es la hipocresía (otro punto asiduo a mi involución) porque precisamente me termino preguntando cosas que no debería, o no debería poner en tela de juicio, porque si vamos a ética o valores haciendo lo que se hace terminare diciendo que todos tenemos la razón por la subjetividad de lo que se vive, en fin…
Pero por lo que verdaderamente puedo decir que me vuelvo idiota es porque cada vez  más me termina valiendo madre todo, no como hastió o como un vacío que mi perplejidad no lleno, sino como mera y emblemática idiotez; no proteste frente a las cosas que no me gustaban, me quede quieto en la transición de un gobierno inestable, aun veo pobreza y hago nada, incluso ni siquiera he abrazado lo suficiente a las personas que quiero, pero bueno todas estas cosas no pudieran ser signos de idiotez, pero eso depende de cada quien ¿no? ¡Otra vez, chingao! 

lunes, 6 de enero de 2014

El recordador



A los casi cuatro años que te fuiste, me he resignado a escribir entre líneas de un cuarto oscuro,
Tengo que decir que la costumbre de pararme por las noches no se me quita,
Aun sudo tu ausencia (mucho menos por supuesto) pero pasa, aunque igual ya no seguido,
tengo que admitir que puse a Zandonai a todo volumen y los sucesos fluyeron,
Como dicen en el pueblo de mi mamá: anda suelto el diablo,
razón inequívoca para que te extrañe con más fuerza, si conmigo no puedo, imagina con el diablo.
Pareciera  con poca sensatez pero me importa un huevo si no lo pareciera también,
y bueno reordenando los dedos esclavos te digo:
Te extraño hoy por querer contarte, por mirarte a los ojos y desahogarme,
a veces (muy cierto) te extraño con ganas de sentir la redondez de tus nalgas,
de besarte hasta que me canse y volver a besarte otra vez, como siempre te dije, lo demás no importa.
Pero hoy no es el caso, hoy te extraño porque te necesito como lo que fuiste y aun presumes ser.
Digo esto último porque tú has sido quien lo presumió primero (de ti claro),
y ahora te extraño sin más porque me siento solo (tontería del pasado, ya se),
y sé que lo mío no es egoísta, es que contigo estaría solo, pero menos.
quisiera que estuvieras y dejar de extrañarte, así de simple.
Y claro después pienso que la lluvia ya jamás fue la misma, sin embargo, al sonido este de mis (tus) letras te digo que me siento mejor.
Porque gracias a esto y a mi idea de evocación (que jamás fue metafísica para borrachos) puedo terminar haciéndome sonreír, haciéndote sonreír, sintiéndome a tu lado, imaginando que el dolor se ahoga con tus dedos flacos, pero así es esto ¿no?