domingo, 22 de diciembre de 2013

Regadera

Agitado, el corazón con sus palpitaciones rápidas, aceleradas. El cuarto solo, el contiguo puede escuchar el heart beat desesperado, dos fotos que forman parte de la monotonía que aun logra enumerar las sonrisas de un domingo cansado, insípido. Las manos temblorosas, los ojos que se carcomen de un miedo agrio y desconocido; por consecuente incoherente, falto de identidad. Ahí, se alza la voz a un vació tremendamente oscuro – ¿estás ahí?- con voz ronca, con propiedad casi autoritaria -¿he?- Un suspiro deja escapar las posibilidades de camas amplias, reconfortantes y compartidas, de sonrisas matinales y besos de despedida, de aquella que verdaderamente saca carcajadas de exilio, risas cortas, entes frente a la eternidad de un futuro armónico, descendencia que se lava los dientes en un lavabo lleno de loseta nueva, brillante y nueva, promesas, expectativas.

Después un cuerpo que se lava solo en la regadera con agua tibia, esperando el suspiro que aún falta, imaginando como si fuera un trabajo remunerable… 

No hay comentarios:

Publicar un comentario