-Ya sabes lo que dicen, tenemos
que encontrar un trabajo pronto.
-Nos estamos volviendo viejos
amigo, un costal de vicios que envejece.
-No creo que sea lo peor, aún
tenemos alguna especie de esperanza, ¿no es así?
-No, es muy poco probable, a casi
nadie le interesa, he hablado con muchas personas de lo mismo durante mis casi
veinticuatro años, he llegado a parecer un fanático del asunto, ¿y que he
recibido?: nada, montones de palabras vacías, sin chiste, y ahora la pobreza ha
tocado a la puerta y lo único que tengo es estas ganas de salir corriendo y
gritar y beber y saber que no estoy enloqueciendo.
-Creo que si estas enloqueciendo.
Marco se pone de pie y me mira, sus ojos vidriosos me miran con no mucha
esperanza, se vuelve a sentar, se acomoda su gorra desgastada y hace una
llamada, trato de no escucharlo pero es imposible, ha conseguido más de esa porquería
por la que nos hemos vuelto locos.
-Aun tienes el oficio de escritor
¿no?
-No lo creo, apenas he publicado naderías,
tipos sin futuro, situaciones que terminan mal, creo que no le interesa a
nadie.
-Me caías mejor cuando estabas
con Mayra, siempre sonreías y no hablabas de esa manera.
-Eso se acabó.
-Nunca pude entender porque ¿fue
tu culpa?
-No lo sé, probablemente, estaba estúpidamente
enamorado, ahora que me doy cuenta debí hacer muchas cosas para no pensar, me volvía loco imaginarla en
otros lado haciendo otras cosas, fui un imbécil con ella.
-Entonces si fue tu culpa.
-Eso creo, dame otra cerveza.
Marco se para y va hacía el refrigerador, jamón echado a perder, huevos fríos, un
six de cervezas, lechuga. Sus manos temblorosas alcanzan una modelo fría.
-Toma, de nada. (Suena el teléfono)
-Está bien, voy para afuera.
Manuel se levanta, lo miro con mi cerveza en la mano, ha llegado todo: cigarros,
material de la mejor calidad, convierto mi lata mientras siento el olor
plastificado, lo miro, el hace lo suyo, gasta el dinero que sus papas
depositaron para una colegiatura de una maestría que jamás terminará, se
derrumba con el humo que sube a un foco que esta por fundirse, una noche
desesperada, nada es mío, no el mundo ni la frivolidad de los que lo habitan,
la muerte de mi abuelo que me dolió en el alma, mi madre que tiene meses que no
la veo, Mayra que está feliz con su nuevo novio, mis letras que proponían
libertad en un nuevo contexto, nada como dije, es mio.
El nuevo día me ve a la cara, ¿Qué
es esto?, nada fue mío y lo hice, Marco
no existe, no hay gorras de ningún color, nadie fue por mi cerveza, la he
tomado yo, ¿Quién hablo entonces? ¿Qué cosa es real? No, Marco no existe, probablemente
yo tampoco…
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